Espada Negra

Septiembre de 2018, se han jugado 3 partidas.

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30-9-2018
Esta partida ha sido especial pues el grupo estaba separado y se han ido jugando las partes independientemente las unas de las otras.
Después de este juegame, quedan 5 partidas para llegar a 600.
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La partida anterior concluyó con el grupo separado. Por un lado, Benjamin el soldado de la caballería pesada, no satisfecho con los resultados de la visita a Rivera partió de incognito por la noche, sacrificando sus horas de sueño y bajo órdenes de su superior para investigar más.
Cuando Benjamin llegó a rivera vio que un tercio de los cadáveres que dejaron en la plaza ya no estaban allí. No había nadie en la calle a quien preguntar así que probó suerte llamando a las puertas y cuando no obtenía respuesta probó a entrar. La gente atemorizada no era capaz de dar respuesta alguna, por lo que desistió y caminó siguiendo el rastro hasta el cementerio. Allí encontró nuevas tumbas y herramientas que habían sido dejadas en el sitio.
Sin saber cuál de esas tumbas pertenecería al cura que fue asesinado brutalmente el día anterior decidió probar suerte en la pequeña iglesia de Soid de Rivera. Dado que lo suyo eran más las armas que la investigación no encontró nada y decidió echarse un sueño en los bancos de la iglesia de Soid.
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Ocho horas después de la partida de Benjamin se levantaba Odine el corrector, le había costado conciliar el sueño pensando en este día. Ahora que no habría ojos extraños que le vigilasen podía volver a Ornil y efectuar una investigación de verdad. Sin embargo esta vez iría solo y eso era peligroso. Pese a que la iglesia de Soid no aprueba el uso de armas que puedan penetrar en la carne él había recibido entrenamiento con la espada y se sentiría mucho más seguro con una.
Fue a buscar a uno de sus agentes que trabajaba en la guardia a ver si podía sacar una espada de la armería para él, el agente lo intentó, pero fue pillado sacando la espada y tuvo que inventarse unas incomodas excusas. No dándose por vencido fue a buscar a la herrería local del noble, la única autorizada para forjar armas y armaduras. La herrería estaba incómodamente cerca del castillo del noble y en la calle había algunos guardias que no prestaban demasiada atención. Era una herrería grande con multiples herreros y aprendices.
Entró con naturalidad y fijó sus ojos en uno de los aprendices que parecía especialmente pusilánime. Caminó directo hacia él hasta que en su camino se interpuso uno de los maestros herreros que le preguntó si podía ayudarle. Las miradas se cruzaron y sucedió una silenciosa batalla para ver quien apartaba la mirada y abría la boca antes. El errero demostró ser tan duro como el metal que trabajaba.
El corrector apartó la mirada hacia el aprendiz y explicó que necesitaba hacerle unas preguntas a un aprendiz para una investigación que estaba llevando a cabo. El herrero llamó al aprendiz y se quedó esperando las preguntas del corrector a lo que el corrector agarró al aprendiz y se lo llevó fuera.
Utilizando el aura intimidante de la corrección intentó convencer al aprendiz de que tomara prestada una espada para él temporalmente. Tras mucho dar vueltas el aprendiz accedió a intentarlo por la noche pues era imposible en otro momento del día. El corrector Odine no podía esperar tanto, le dijo al aprendiz que olvidara lo ocurrido y lo mantuviera en secreto y se despidió.
Llegado este momento el corrector decidió que ya había perdido suficiente tiempo, llamó a sus dos agentes de la corrección, obtuvo unos caballos y partió a Rivera. Había malgastado 3 horas.
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Una hora antes partía Amond Taunori, Teniente de la caballería pesada, de Ornil con la compañía de Braian, una espada de alquiler. El conde Aban Aglazor no estaba contento con el resultado de la expedición que se hizo el día a Rivera y quería saber que verdad tan importante se escondía en Rivera como para que un corrector masacrara a un pueblo en contra de sus indicaciones y saltándose el procedimiento de juicios de la corrección.
Partieron sin demora y llegaron a Rivera a las 11 de la noche. Según se aproximaban a la población había algo inquietante en el ambiente, sombras que se movían y miraban desde los bordes del camino. Las ignoraron y continuaron.
A la llegada pudieron ver la entrada donde se había sucedido la matanza y una figura que observaba los cadáveres en la oscuridad, era Benjamin que se había despertado y se preguntaba cómo proceder ahora. Decidieron ir al cementerio a buscar el cuerpo del sacerdote asesinado con la esperanza de encontrar alguna pista entre sus ropajes.
Las tumbas eran recientes, no tenían identificación ni lápida por lo que tuvieron que cavar al azar. Hora y media después desenterraron el cuerpo del párroco y decepcionados descubrían que no tenía pista alguna.
Sin embargo, observaron algo inquietante, una sombra les observaba desde la distancia con dos ojos iluminados como los de un animal, pero se mantenía erguida y parecía tener brazos. La sombra parecía mantener la distancia, si ellos retrocedían la sobre se aproximaba hacia ellos. Si se aproximaban a la sombra esta avanzaba en una dirección concreta. Cogieron sus caballos y la siguieron. Al principio la sombra se dirigió al río cercano, para luego caminar en dirección contraria a la corriente.
Más de una hora siguieron aquel rio, siguiendo a la sombra en la plena oscuridad de la noche, solo iluminados por una antorcha mientras se adentraban en las montañas. El rio terminaba abruptamente en una caverna que salía una pared montañosa. La sombra se adentró en las fauces de la cueva y desapareció.
Bejamin, Amond y Braian ataron sus caballos a un árbol y penetraron en la cueva, ascendiendo penosamente hacia las profundidades de la montaña solo iluminados por una antorcha.
Avanzaron con cuidado, comprobando que ninguna sombra se les abalanzaba desde la oscuridad, temiendo que pudiera esconderse en el techo. Quizás por eso Benjamin que iba delante no vio un pequeño pozo que se abría en el camino, perdió pie y se sumergió en el agua.
De no ser por la ayuda de sus compañeros se habría ahogado ahí mismo y en ese momento dio gracias a Soid por no haber llevado su armadura encima pues no hubiera podido salir del pozo ni con ayuda de sus compañeros.
A partir de ese momento los tres extremaron las precauciones y ralentizaron su avance hasta que finalmente llegaron a una pequeña catarata, junto a la catarata en una pared por la que no caía el agua colgaba una cuerda que sujetaba los restos de un bote que se escondía, podrido, bajo el agua.
Amond y Braian consiguieron escalar la resbaladiza pared, pero Benjamin tuvo que quedarse abajo esperando.
Arriba de la catarata se encontraba otro mundo lleno de criaturas que nunca veían la luz del sol. Una pequeña presa mantenía atrapada un agua de color verde que no permitía averiguar su fondo. Sobre esa agua y las paredes de desplazaban enormes ciempiés e insectos matándose mutuamente para sobrevivir. Existía una densidad de insectos voladores que hacía que fuese imposible respirar sin tragarse alguno.
Decidieron avanzar llevándose la antorcha por esas tierras desconocidas, abandonando a Benjamin en la más completa de las oscuridades.
Caminaron por ese mundo desconocido hasta que vieron a su derecha una gruta de la que salía una luz amarillenta. Prepararon sus armas y entraron con precaución.
“Vosotros no sois sombras… ¿Habéis venido para ver la verdad?”.
Era una sala razonablemente amplia repleta de tinajas que debían contener algún tipo de aceite que era utilizado para iluminar la estancia por el hombre que les había saludado. En algunos puntos de la estancia se acumulaban restos humanos y sobre una de las paredes presidía un altar que probablemente hubiera recibido sacrificios humanos. Sobre este altar se encontraba lo que parecía una deformación del sol de Soid.
El hombre de la cueva se presentó como Ignar, un viejo agente de la corrección que investigando un culto había llegado a la cueva. No pudo soportar la similitud del símbolo con el Sol de Soid, los sacrificios humanos, el contenido de las tinajas. Había dedicado su vida a Soid y ahora se sentía traicionado.
Sospechaba que en aquel lugar en el que se hallaban pruebas suficientes para dudar de Soid, aunque le faltaban conocimientos históricos para descifrar los grabados de las paredes. Amond pudo entender alguno de los grabados, pero la mayoría eran demasiado crípticos para él. Descubrió que algunos rituales debían efectuarse en días sagrados y las fechas de los mayores rituales coincidían con el nacimiento, la muerte y la traición por parte de sus generales a Soid.
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Mientras Amond, Benjamin y Braian terminaban de exhumar cadáveres en el cementerio. El corrector llegaba al pueblo con sus hombres. Tras no encontrar ninguna pista en la iglesia de Soid decidieron empezar unos interrogatorios nocturnos entrando por sorpresa en la casa. No les costó encontrar a fieles devotos a Soid que les indicaron que las pruebas de las que hablaba el cura se encontraban en una gruta de la que nacía el riachuelo cercano al pueblo y partieron sin demora.
Al llegar encontraron tres caballos atados a un árbol, ataron los suyos y se adentraron en la cueva.
El agente de la corrección que era miembro de la guardia de Ornill iba delante, iluminando a todos con su antorcha y llevando antorchas de repuesto en su cinturón. Tristemente no fue capaz de ver un pequeño pozo en el camino y calló hasta el fondo arrastrado por el peso de su armadura. Cayó tan rápido que sus compañeros no pudieron ayudarlo. Bajo el agua intentó forcejear con su armadura, intentando quitársela lo más rápido posible, pero sus pulmones se llenaron de agua antes de conseguir nada.
Se quedó el corrector Odine a oscuras con su otro acompañante, un humilde leñador devoto a Soid. Decidieron avanzar en la oscuridad, despacio, guiándose por las paredes hasta que empezaron a escuchar una catarata.
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“¿Quién va?” preguntó Benjamin el soldado de la caballería pesada. Odine el corrector se presentó y le interrogó sobre que hacía ahí a lo que el evitó contestar a sus preguntas.
Cuando el corrector agarró la cuerda para trepar por la catarata Benjamin le cortó el paso, a lo que el corrector en la oscuridad cogió la porra del campesino para golpear al soldado. Pese a encontrarse en absoluta oscuridad el veterano soldado fue capaz de distinguir el sonido y se adelantó al corrector propinándole un espadazo.
Tras un breve combate el corrector perdió su vida y su cabeza. El campesino perdió también su vida, pero hizo que Benjamin echara de menos su armadura, haciéndole sufrir unas dolorosas heridas.
Benjamin con esfuerzo lanzó el cuerpo del corrector corriente abajo esperando que nadie lo encontrara y cuando regresaron sus compañeros mintió diciendo que dos campesinos le habían atacado.
Cuando salieron se vieron sorprendidos de que hubiese 3 caballos atados junto a los suyos y no cuadrándoles las cuentas decidieron partir inmediatamente de vuelta a Ornill.
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Allí informaron al Conde Aban, que dijo que necesitaba meditar sobre el asunto, no sin antes preguntarles si habían visto al corrector Odine.
Amond Taunori dijo que no habían visto a nadie, que su soldado podía dar fe de ello y cuando el conde le preguntó al soldado quedó patente que este estaba mintiendo vilmente. El conde preguntó si volvería a ver al corrector a lo que el soldado dijo que era poco probable. El conde pareció satisfecho, pero Amond se sintió decepcionado al verse engañado por uno de sus hombres de confianza.
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Tras días de descanso el conde les reunió de nuevo para investigar la desaparición de un grupo de hermanos iluminados que habían sido vistos hace 4 días a dos días de viaje. Estaban atravesando las montañas desde territorio Feder, escoltando unos criminales a Ornill para la celebración del día del Santo Hadro que era inminente. La celebración del día podía retrasarse si no llegaban todos y el conde quería terminar con ese asunto cuanto antes.
Tras perderse por las montañas y hacer noche a la intemperie llegaron al pueblo indicado donde en efecto habían visto a los hermanos iluminados. Siguieron la ruta de los hermanos y los localizaron despeñados por uno de los caminos de la montaña, con marcas de cadenas en el cuello por haber sido asfixiados. Sus armas habían sido robadas y Braian decidió quedarse con la tela con el símbolo de Soid que cubría la armadura de uno de ellos, después de todo no la echaría en falta.
Sin mucho ánimo de perseguir a los criminales volvieron a la ciudad a descansar. Amond fue a informar al conde que le pidió que fuera a la iglesia del Santo Hadrio a informar de que esos hermanos ya no llegarían y no había motivo para retrasar la celebración del día…