Tesoro y Gloria

Mayo de 2018, se han jugado 7 partidas.

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17-5-2018
Al sur de Llanancha por Jose Carlos ?Kha? Domínguez (google)

La compañía del León y el Cocodrilo escapó de los alrededores del campamento osgo del Escarabajo Rojo tras haber dejado la cabeza del hijo de su líder en las cercanías intentando culpar a un clan rival. Escaparon a todo galope hasta Llanancha, una aldea a unas leguas al sur, donde consiguieron llegar al caer la noche.

A la mañana siguiente la mayoría de ellos estaba reventado, por lo que los dos magos, Landin y Aghrat, y la guerrera Tawizu y su explorador Tamnus partieron hacia el sur intentando alcanzar una maravilla: una gran concha en espiral fosilizada. Se hicieron acompañar de un guía local llamado Septimus, quien piensa que casi todo está embrujado. Especialmente las cosas embrujadas. Si están embrujadas será por algo. En Llanancha también les hablaron de Zhassima Vahjapari, la naga negra que gobierna desde hace poco un oasis maldito no muy lejos de la caracola, y que ahora comanda un pequeño ejército de seres del caos.


Recorrieron el camino hacia el sur sin mayor dificultad. Y en el proceso, encontraron un campamento de pastores nómadas entre unas ruinas, que les hablaron de un campamento orco cerca al este y de cómo habían sido desplazados del sur por la rebelión fanática de Nahdriz, el líder rebelde.


Finalmente, cansados por recorrer el camino con extrema precaución, decidieron acampar con un viejo solitario a dos leguas de la maravilla. Este hombre, Regulus, estaba aquí a la espera de viajar hacia un caravasar al oeste, donde buscaría refugio. Les habló además de cómo, de mozo, había ido a explorar un zigurat azagaro al oeste, pero él y sus amigos habían sido expulsados del lugar para un lamassu oscuro que lo guardaba. Interesados por esta historia de tierras lejanas se fueron a dormir, a duras penas, oyendo a lo lejos la risa de las hienas.

A la mañana siguiente, en lugar de proseguir en pos de la caracola, decidieron cumplir su labor como alguaciles y acompañar al bueno de Regulus de vuelta a Llanancha, ya que estaba más cerca que el caravasar al que se dirigía en un principio. Se pusieron en camino con la misma cautela y eso debió salvarles la vida, pues notaron que una gran criatura se aproximaba volando y pudieron ver entre los árboles algo que parecía un grifo o un león alado, pero completamente negro. Recordando las historias de la noche anterior, Septimus empezó a gritar que el anciano Regulus estaba embrujado y era perseguido por el lamassu oscuro. No obstante, pronto vieron que el ser se dirigía al este, hacia el campamento de los orcos.

Decidieron no atacar a la criatura incluso cuando estuvo al alcance de sus arcos y prosiguieron hasta la aldea. Pero al sur, entre una floresta, Tamnus encontró algo: una gran estatua taryana de un poderoso dragón, semioculto entre una floresta de la sabana seca, que antaño marcaba una frontera septentrional, pero ahora estaba lleno de musgo y suciedad. Se sintieron maravillados y notaron cómo su gloria como exploradores aumentaba enormemente por haber hallado esta maravilla de un tiempo antiguo.

Al llegar a la aldea encontraron a los nómadas y a sus compañeros aún entre las pajas rezongando y preguntándose qué podría haber pasado en el sur.